TEMAS PUBLICADOS:
MIEDO A LA ALEGRÍA
¡EL ALCOHOL ¡
EL OPTIMISMO
¿QUE HAGO PARA QUE LA LUNA DE MIEL SEA DURADERA?
EVITE EL AGOTAMIENTO EMOCIONAL
UN ENCUENTRO QUE DETERMINAL EL ÉXITO O EL FRACASO
“DEPENDENCIA
EMOCIONAL”
MIEDO A LA ALEGRÍA
Yo admito: siento mucha inseguridad acerca de la alegría. No puedo decir que si es filosóficamente correcto el sentirse alegre. Y por alguna razón, en la actualidad muchos de nosotros tenemos que realizar un verdadero, esfuerzo para hacerlo, meditar para conseguirlo, cursos, talleres, seminarios, retiros, lea esto, coma este otro, medicamentos, etc.
Tal vez la alegría es un estado al que no tenemos verdadero acceso o retorno voluntariamente, podría ser algo genético o podría ser tan solo asunto de clima (cuando llueve nos sentimos generalmente melancólicos y cuando hace un día despejado y brilla el sol sentimos que nuestro corazón salta de alegría).
Deberíamos sentirnos alegres por las cosas que hacemos o decimos, pero lamentablemente no siempre es así. Vivimos en una sociedad en donde es ella la que nos da la pauta de la felicidad o nos la quita. La creación de estereotipos implantados por el medio en algunas ocasiones determina nuestro estado de animo, la clave está en ser felices con lo que tenemos; es decir aceptarnos y aceptar a las personas y circunstancias como se presenten, pero con una condición desarrollar y potenciar la capacidad de control de mis sentimientos; nunca seré feliz si no controló mis sentimientos, si estropeo mi jornada por una raya en el coche, por una mala cara, por un error profesional, por un resultado adverso. Nunca seré feliz si soy víctima de mis emociones, esclavo de mis pasiones o prisionero de estúpidas esperanzas.
Dr. Santiago Añazco
Psicoterapeuta
Telf: 2421708 - 099844216
¡EL ALCOHOL ¡
Posiblemente una de las patologías dentro del campo de salud mental, el Alcoholismo se ubica privilegiadamente en un sitial alto de nuestra sociedad, vicio o enfermedad, sin duda alguna la respuesta se la encuentra en la segunda posibilidad, una compulsión por conseguir un efecto que desinhiba nuestro verdadero yo, muchas personas lo hacen para ser diferentes, estar hapys o simplemente para hacer “lo que todo el mundo lo hace”.
Los cuadros severos de alcoholismo no aparecen de la noche a la mañana y se someten a un proceso sistematizado, lo comenzamos a hacer por curiosidad, luego lo hacemos socialmente y por último lo hacemos por necesidad, la ingesta de alcohol no tiene mucha relación con la cantidad que podamos ingerir sino mas bien con la necesidad de hacerlo.
Se puede decir que el alcohol es el gran portón de muchos otros males, que sin darnos cuenta nos envuelven y nos destruyen. El alcohol actúa como anestésico, afectando a áreas del cerebro que impiden que las personas tomen decisiones correctas, terminan transformando la personalidad con graves alteraciones del comportamiento. Muchas personas toman “por olvidar”, sin darnos cuenta que en el estado de ebriedad mas bien nos acordamos de los problemas que nos aquejan.
Para nosotros los terapeutas familiares es muy común ver como el alcohol degrada y termina destruyendo relaciones y vidas y posiblemente es uno de los mayores motivos de consulta.
Debemos liberarnos de la compulsión de beber y ser guiados hacia una compulsión por VIVIR, tenemos libertad de escoger y esta es la facultad humana de la fuerza de voluntad, a veces necesitamos ayuda profesional y espiritual, no destruyas tu vida y la de tu familia ELIGE VIVIR.
Dr. Santiago Añazco
Psicoterapeuta
Telf: 2421708 - 099844216
EL OPTIMISMO
LA CLAVE
La persona optimista encuentra siempre el lado bueno de todas las cosas y enfrenta la vida con positivismo y entusiasmo, lo que le permite decirle sí a todo lo maravilloso que le ofrece la vida. Es esa energía positiva la que conciente al hombre cantar, reír, vibrar, brincar y estar siempre en la mejor disposición de ánimo.
No olvidemos los grandes atributos que nos han sido entregados al venir al mundo como: inteligencia, imaginación, auto dominio, voluntad, convivencia, comunicación, goce, felicidad, memoria, ensoñación, fantasía, amor procreación, percepción, conciencia, recuperación, perdón.
Las personas optimistas solo conocen la crítica constructiva, su mayor placer está en aportar al crecimiento y realización personal de los otros, jamás pretenden destruir las ilusiones, fantasías sueños objetivos metas y propósitos de quienes lo rodean. Ser optimista no es caro, lo raro es no ser optimista con el simple hecho de saber que no tengo vida y que con esa vida puedo hacer muchas cosas buenas en beneficio personal y de los demás.
La persona optimista es capaz de avizorar lo bueno, pero también lo malo, potenciando lo positivo y minimizando lo negativo, sobre todo desarrolla una capacidad de vivir el AQUÍ Y AHORA, sin dejar engancharse por los recuerdos ya sean positivos o negativos el pasado no está en ningún lado, simplemente no existe, es más ni el presente no existe porque aún no ha pasado, entonces lo más importante será vivir nuestro presente, con nuestra realidad, con esa realidad que con nuestros actos y actitudes pueden construir un hermoso momento para con nosotros y los demás.
“El optimismo nos da la oportunidad de saborear las cosas hermosas que tiene la vida aún cuando no son tan hermosas”.
Dr. Santiago Añazco
Psicoterapeuta
Telf: 2421708 - 099844216
¿QUE HAGO PARA QUE LA LUNA DE MIEL SEA DURADERA?
Lamentablemente la Luna de miel es la etapa más corta dentro de la vida de la pareja del ser humano, cuantos de nosotros no añoramos volver a los primeros días, cuando vibraba el amor”. Al inicio del noviazgo, las parejas sueñan con lugares y momentos exóticos, agradables y fascinantes a los que irán en su luna de miel, pero este solo es un MOMENTO y la luna de miel debería ser un ESTADO, lamentablemente dentro de todas las etapas del matrimonio la etapa de la “Luna de miel” es la más corta pero también es la más apasionante e intensa, que hacer para que la luna de miel sea permanente.
Hacer planes juntos. Muchas son las parejas que al poco tiempo de vivir juntos dejan de hacer planes para el viernes en la noche y terminan aburridos frente al televisor, o aquellas que utilizan el fin de semana para limpiar el auto, la casa (por separado por supuesto), gastando un valioso tiempo en actividades que les alejan al uno del otro. Es bueno recordar todas aquellas cosas divertidas que hacían durante la etapa de Luna de miel y continuar haciéndolas para sacar el mejor provecho posible del tiempo que están juntos, pues todos esos momentos son oportunidades únicas para mantener unida a la pareja y avivar la llama del amor “Hay alo que siempre pueden hacer juntos y además es posible buscar algo diferente en todo momento que pueden empezar a disfrutarlo en pareja”.
Las citas de amor. Es muy importante que una relación se mantenga viva, con amor y el mismo entusiasmo que cuando estaban tratando de ganar el cariño del uno hacia el otro. Recuerde las cosas que hacían y se decían en la luna de miel posiblemente esto hará que no acordemos lo mucho que le queremos a nuestra pareja, “Mantener citas amorosas es mantener prendida la llama del amor”.
Que les guste a los dos. Cuando se encuentran realizando actividades que los dos saben y sienten que son divertidas el momento será por demás placentero, hay que dar prioridad a mis sentimientos sin que estos agredan la integridad de mi pareja, el problema aparecerá cuando uno de los dos se sienta obligado a realizar o compartir con una actividad en la que no se siente a gusto, pero no podemos perder de vista que la relación es de dos y el compartir (con amor y decisión) aquellas cosas que no me hacen muy feliz harán que quieran estar siempre juntos y disfrutando de esos momentos, de esta manera se mantiene viva la atención y el deseo de la pareja y sobre todo fortalecen sus compromisos “Estar involucrados en actividades que se realizan en conjunto incrementa su actividad y cercanía”.
Dr. Santiago Añazco
Psicoterapeuta
Telf: 2421708 - 099844216
EVITE EL AGOTAMIENTO EMOCIONAL
Con toda la presión y el esfuerzo que debemos poner en la vida misma, es fácil terminar con nuestra energía emocional. Por lo general, las personas usan estas palabras para describir su situación como: depresión, agotamiento, estrés y los jóvenes (estoy con la depre) y todo eso no es más que una luz de advertencia que se prende y nos indica que algo está gravemente fuera de equilibrio en nuestra vida.
Sin embargo en forma inconsciente hacemos o decimos cosas que en vez de solucionar la situación, tienden a empeorarlas y posiblemente uno de los errores más frecuentes que cometemos es el de centrarnos en nuestros sentimientos en lugar de los acontecimientos, el asunto es que, cuando una persona pasa por una crisis o evento negativo los sentimientos no son muy confiables, los personajes que han triunfado en la vida en cualquier área ya sea deportiva, artística o intelectual saben que su éxito en gran parte está basado en porque tuvieron la capacidad de ignorar los sentimientos negativos que a menudo se experimenta cuanto existe una derrota, es decir conductas optimistas, la persona optimista encuentra siempre el lado bueno de todas las cosas y enfrenta la vida con positivismo y entusiasmo, lo que le permite decirle si a todo lo maravilloso que ofrece la vida.
Otro punto clave para acabar con nuestra energía emocional es el de compararnos con otros, si bien es cierto que es fundamental para la motivación. No es menos cierto que utilizada en exceso y con obsesión terminaremos comparando las fuerzas de otros con nuestras debilidades, lo cual es sumamente peligroso, ya que acabaremos dejando a un lado todos nuestros propios recursos internos e innatos para salir adelante.
Es clave también para terminar con nuestra energía emocional al asumir culpas ajenas, tenemos que entender que no podemos controlar acciones y actitudes de otros, podemos influir en las personas pero no controlarlas.
Y si definitivamente queremos acabar con nuestra reserva emocional vamos a desarrollar destrezas para ver solo lo malo, exagerando lo negativo y perdiendo de vista nuestro principal objetivo en la vida que es ser y hacer felices.
Dr. Santiago Añazco
Psicoterapeuta
Telf: 2421708 - 099844216
UN ENCUENTRO QUE DETERMINAL EL ÉXITO O EL FRACASO
Sobre el sexo se han dicho muchas frases. Artistas, famosos, cantantes, escritores… todos alguna vez se han referido a él. Se han pronunciado cosas como: “Las mujeres necesitan una razón para tener sexo. Los hombres, solo un lugar” (Billy Cristal). Y otras: “La inactividad sexual es peligrosa, produce cuernos” (Woody Allen) y “el único acto sexual innatural es el que no se puede hacer”.
Hasta hay dichos graciosos: “L virginidad no es un don, es una falta de ocasión”, “La mejor manera que tiene el hombre para vengarse de una mujer, es hacerle el amor en el menor tiempo posible”.
Esto demuestra que cada persona tiene una forma de ver la sexualidad. Por este motivo, el médico sexólogo Patricio Barzallo dice que también es necesario el diálogo, para conocer qué le gusta o le disgusta a la pareja.
Esta práctica es necesaria, especialmente para la primera noche de bodas, así los enamorados hayan tenido sexo antes. Aunque parezca poco romántico, el experto comenta que tanto el hombre como la mujer deben dialogar sobre cómo va a ser ese encuentro, si van a tener o no relaciones, en dónde las van a tener y qué van a hacer. “Es importante conocer las expectativas de la pareja para ese día, porque eso determinará la vida sexual de la misma”.
En todo caso, lo recomendable para ese día es una desinhibición total para que haya satisfacción. Aunque existen ciertas pautas que se puede seguir, pues el hombre la mujer tienen diferentes fantasías.
“Para la mujer tiene mucha relevancia el contexto del sexo: un lugar agradable, cálido, preparado especialmente para la ocasión. Las mujeres fantasean con un amante sensible, tierno y apasionado que en su debido momento la haga sentir única, especial y sensual. Las caricias en la piel (en todo el cuerpo, no solamente en los genitales) y tener en cuenta los cinco sentidos (tacto, olfato, vista, gusto y oído) son quizá los afrodisíacos más poderosos. La fantasía femenina está ligada al romanticismo y a la seducción, culminando luego de un proceso de excitación prolongado con un acto pleno de pasión”, explica el Secretario Nacional de la Sociedad de Sexología del Ecuador, Santiago Añazco.
El hombre también tiene lo suyo. Añazco dice que en su caso “las fantasías son mucho más gentiles. Además, predomina el goce de la mujer, es decir, ver como ella goza durante el acto sexual (cantidad y calidad de los orgasmos). También le encanta variar de posturas sexuales tener un coito prolongado e intenso, esas son situaciones privilegiadas en la mente erótica masculina.
Pero estas fantasías siempre deben ser condensadas. Barzallo cree que eso ayudará a que no haya frustraciones, por ejemplo, puede haber un rechazo en la pareja porque “supongamos que el hombre piensa que el sexo anal es normal, en cambio la mujer opina lo contrario”. El especialista considera que en este caso el resultado puede ser catastrófico, de allí la importancia del diálogo y el respeto.
Si ya pasó la primera noche, aún hay mucho por hacer. Los expertos son partidarios de evitar la rutina en las relaciones de pareja. No hay una regla sobre la frecuencia, pero eso sí, tanto el hombre como la mujer deben estar conectados con las preferencias de cada uno. Por ejemplo, es bueno conocer la hora en la que le gusta mantener relaciones sexuales, hay parejas que prefieren la noche y otras, el día.
En el amor y en el sexo todo se vale. Barzallo explica que los esposos también pueden hacer uso de juguetes sexuales si ellos lo desean, aunque estos son solo un complemento. En cuanto a las películas pornográficas, su opinión es que no deben ser vistas por parejas muy jóvenes o que no tengan criterio formado, porque las imágenes que allí se exhiben pueden crear prototipos que no son reales en la vida diaria y eso a la larga acarreará frustraciones. “En un filme de estos se ven mujeres voluptuosas, de curvas perfectas y a hombres que tienen un pene muy grande, entonces aquellos que no tienen un conocimiento sexual adecuado pueden frustrarse al no conseguir estos modelos”. Los especialistas creen que también es necesario desechar esa idea de que el hombre tiene que ser el personaje activo en la relación sexual.
MASAJE SENSUAL: por no menos de 30 minutos. Puede usar aceites o cremas. Se trata de estimular suavemente toda la piel con la yema de los dedos, la palma de las manos, las uñas, una pluma, una flor o lo que surja en el momento. No hay que dejar ninguna parte del cuerpo sin recorrer.
EL MAPA CORPORAL: cada persona tiene zonas particulares e irrepetibles. Este es un trabajo de exploración para conocer a su pareja. El esquema es el siguiente: uno de los dos se recuesta, puede cerrar los ojos o incluso vendarlos, para aumentar su receptividad táctil. Luego el otro acaricia diferentes zonas del cuerpo de la pareja con sus manos de manera suave. Mientras que se dan las caricias, quien las recibe debe puntuar cuál es el área que más excita a su pareja. Al final del ejercicio es interesante comentar emociones, sensaciones, pensamientos.
EXPLORACIÓN GENITAL MUTUA: La propuesta es investigar los genitales de la pareja como aquel viejo juego del doctor. El que da el masaje no debe dejar sin tocar ni un centímetro de la anatomía genital de su pareja, y la otra parte es interesante que registre cuáles son las sensaciones más placenteras y las menos placenteras que recibe. El ejercicio puede terminar con un buen orgasmo manual o incluso oral.
ACADEMIA DE BESOS: El beso se ha perdido, en parte, como técnica del arte de amar. Pueden tener un encuentro solo de besos. A su turno, cada uno enseñará al otro cómo le gusta ser besado y cómo le gusta besar. Este ejercicio deberá durar entre 15 y 20 minutos para cada uno. Se recomienda que este proceso quede cerrado en sí mismo y solamente en esta ocasión, no se tengan relaciones sexuales a continuación del mismo.
COITO CONTROLADO: Habitualmente la postura que permite un mejor control es aquella en la cual la mujer se ubica sentada encima del varón que está acostado, cara a cara. Una ventaja adicional de esta manera de hacer el amor es que posibilita el roce del clítoris con el pubis, de modo tal que estimula el orgasmo femenino. La postura de costado, en la cual el varón y la mujer están frente a frente, también es interesante para el control de la eyaculación.
Aquellas posturas tipo ‘misionero’ , es decir el varón encima de la mujer, no son favorables para el control de la eyaculación. El cuerpo está tenso, el pene entra más justo en la vagina y en general la posición desemboca en una carrera irrefrenable hacia el orgasmo.
“DEPENDENCIA
EMOCIONAL”
Dr. Santiago Añazco Lalama Msc.
Director de Escuela de Sicologia Pontificia Universidad Católica
del Ecuador
La dependencia emocional es un concepto utilizado con cierta frecuencia,
pero que no ha sido claramente delimitado ni estudiado. En el presente
artículo se propone analizarlo en Profundidad. Primero, se revisarán
conceptos afines como apego ansioso, sociotropía, Personalidad
autodestructiva, codependencia o adicción amorosa. Se analizarán
los paralelismos y las diferencias que presentan con la dependencia emocional
obedeciendo a un doble fin: profundizar en ella sirviéndonos de
las similitudes con dichos conceptos, y delimitarla considerando las discrepancias,
ya sean de contenido o de perspectiva. A continuación se detallarán
las características que posee el mencionado constructo , que se
define como un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas
que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas, y se formularán
hipótesis etiológicas fundamentadas en las relaciones afectivas
frustrantes y perturbadoras existentes en la historia de estos sujetos.
Finalmente, se efectuarán consideraciones sobre la ubicación
de la dependencia emocional en los sistemas de clasificación psicopatológica
actuales, y se propondrá la creación a tal efecto de un
trastorno específico de la personalidad. La citada propuesta nosológica
nos conduciría al logro de una entidad propia y a una delimitación
clara del citado concepto, de forma que dejaríamos de asimilar
los problemas de estos pacientes a los esquemas teóricos y clínicos
propios del apego ansioso, la sociotropía, la personalidad autodestructiva,
la codependencia o la adicción al amor, que, como mostraremos,
no son enteramente satisfactorios.
PALABRAS
CLAVES
Dependencia emocional, apego ansioso, codependencia, personalidad autodestructiva,
sociotropía, adicción al amor, trastorno de la personalidad
ANÁLISIS
DEL CONCEPTO “DEPENDENCIA EMOCIONAL”
1.-
INTRODUCCIÓN.
Utilización del término “dependencia emocional”
Cuando leemos en algún artículo que un paciente presenta
un patrón interpersonal de dependencia emocional, o que depende
emocionalmente de su psicoterapeuta, todos sabemos a grandes rasgos de
qué tipo de psicopatología nos están hablando. Igualmente,
en medios de divulgación como prensa, radio o televisión,
en los libros de autoayuda, e incluso en conversaciones informales, aparece
la “dependencia emocional”. Sin embargo, este término
se utiliza escasamente en la literatura científica y no tiene el
estatus de otros constructos personológicos como “introversión”,
“narcisismo” o “asertividad”, por citar sólo
algunos conocidos.
No obstante, la dependencia emocional sí se ha estudiado indirectamente
mediante conceptos afines. Dichos conceptos tienen entidad propia, pero
nos han servido para conocer mejor a este fenómeno y a esta clase
de pacientes, y especialmente nos han proporcionado un marco de referencia
para su comprensión, evaluación y tratamiento. Es posible
que cuando nos referimos a un paciente que presenta una pauta permanente
de apego ansioso, a otro que mantiene relaciones autodestructivas, a un
tercero codependiente de un alcohólico, a otro con depresión
sociotrópica, y a uno más con adicción amorosa, estemos
en ocasiones hablando con términos o perspectivas diferentes de
un mismo tipo de personas: los dependientes emocionales. No cabe duda
de que la aproximación que nos ofrecen estos conceptos similares
es sólo tangencial, y que no podemos equipararlos o utilizarlos
como sinónimos; lo más beneficioso sería, entonces,
estudiar los puntos que tienen en común con la dependencia emocional
con el fin de conocerla en profundidad, y después analizar las
diferencias que sin duda existen.
Objetivos
del presente artículo
Este trabajo tiene varias finalidades. Una de ellas es defender la entidad
propia del concepto, a efectos de disponer de un mayor bagaje de conocimientos
sobre él. Esto nos permitiría identificar a los pacientes
con dependencia emocional, comprender mejor sus problemas, realizar hipótesis
etiológicas fundadas para contrastarlas empíricamente, desarrollar
instrumentos estandarizados de evaluación, o diseñar estrategias
terapéuticas específicas.
En segundo lugar, y como ya se ha comentado, diferenciar este constructo
de otros similares que también se revisan. Se examinará
dónde existe solapamiento y dónde no, discutiéndose
el tipo de discrepancia que se produce (de contenido o de perspectiva).
A continuación, profundizar en el estudio de la dependencia emocional,
que se define como un patrón persistente de necesidades emocionales
insatisfechas que se intentan cubrir desadaptativamente con otras personas,
analizándose aspectos como sus características, las diferentes
hipótesis etiológicas que se sostienen sobre la génesis
de este fenómeno, o su ubicación en los sistemas de clasificación
psicopatológica actuales. Nos serviremos para ello de las mencionadas
afinidades con otros conceptos (sociotropía, personalidad autodestructiva,
apego ansioso, codependencia y adicción amorosa) que nos serán
útiles para aprovecharnos de los hallazgos obtenidos en su investigación,
además de utilizar la experiencia clínica con dependientes
emocionales.
2.-
CONCEPTOS AFINES. SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS.
Apego ansioso
En sus trabajos, J.Bowlby describe un tipo especial de apego infantil,
en el que el niño tiene un miedo constante a la separación
de una figura vinculada (por ejemplo, la madre), protesta enormemente
cuando se aleja y se aferra a ella de una manera excesiva. Como su propio
nombre indica, el vínculo que mantienen estos niños no es
seguro, y esto produce en ellos un continuo estado de alerta ante la temida
separación y desprotección. Según el citado autor,
la explicación radica en que estos miedos son justificados a causa
de la frecuente historia de separaciones como internamientos en orfanatos,
hospitalizaciones, etc.; o bien de amenazas recurrentes de abandono, que
como bien describe Bowlby pueden revestir infinidad de formas: desde llevar
al niño a un castillo plagado de monstruos, hasta dejarlo solo
en un lugar desconocido, por poner únicamente dos ejemplos.
El apego ansioso o ansiedad de separación se ha relacionado con
psicopatologías adultas como la depresión y la agorafobia,
e indirectamente con el comportamiento violento o antisocial.
Las similitudes de este concepto con la dependencia emocional son evidentes;
de hecho, en ésta se presentan los tres subcomponentes fundamentales
del apego ansioso: temor a la pérdida de la figura vinculada, búsqueda
de proximidad, y protesta por la separación.
La diferencia entre el apego ansioso y la dependencia emocional se basa
en el enfoque excesivamente conductual del primero, es decir, en que en
su conceptualización los fenómenos del apego y de la separación
están minusvalorados afectivamente. De hecho, las referencias explícitas
a las emociones se producen cuando se describe la reacción ante
un apego exitoso (bienestar, alegría) o uno frustrado (ansiedad,
tristeza o ira), por lo que se echa en falta una mayor relevancia del
componente afectivo del vínculo. Bowlby otorga una importancia
excesiva a una separación puntual o al recuerdo de amenazas de
abandono, y sin duda la tienen, pero sólo si son un aspecto más
de unas relaciones familiares perturbadas o insatisfactorias. Autores
como M.Rutter han expuesto muy acertadamente que lo patógeno no
es en sí una separación temporal, sino la pérdida
de vínculos afectivos creados, y mucho más cuando no hay
oportunidad para crear otros nuevos o se producen situaciones de indefensión
(peligros, soledad, entorno desconocido, El mencionado autor llegó
a la conclusión fundada empíricamente de que tanto las experiencias
repetidas de desamparo como la deficiente calidad de la relación
previa podían ser por sí mismas determinantes de la ansiedad
de que se produzca una separación, y por tanto del apego ansioso
posterior. Esto explicaría las diferencias individuales en las
reacciones ante la separación, observadas por el propio Bowlby.
El enfoque etológico propugnado por este autor puede haber influido
en esta perspectiva puramente observacional de acontecimientos y reacciones
manifiestas, minusvalorando los sentimientos subyacentes. La finalidad
evolutiva de la conducta de apego, según el citado autor, sería
la del cuidado de la progenie y protección contra los peligros,
resultando suficiente para el niño la cercanía de un adulto
-siempre y cuando no tenga expectativas negativas al respecto, como sucede
cuando se han producido de hecho separaciones o amenazas-. En el presente
trabajo se sostiene que el vínculo afectivo presenta una segunda
finalidad biológica aparte de proporcionar seguridad, y es la de
relacionar emocionalmente a los individuos con el propósito de
lograr una organización social cohesionada, y es esta finalidad
la que está directamente relacionada con la dependencia emocional.
Aquí la necesidad insatisfecha no es la de protección y
cuidado, única invocada en la teoría del apego, sino la
de afecto, y así lo demandan explícitamente las personas
que sufren de carencias emocionales. Las figuras vinculadas no son sólo
“bases seguras”.
En definitiva, nos encontramos con que los dependientes emocionales siempre
presentan apego ansioso, pero lo contrario no es cierto, porque la ansiedad
de separación se puede dar también por otros motivos como
la indefensión o la falta de capacidades para desenvolverse en
la vida cotidiana, como por ejemplo se produce en las personas diagnosticadas
de trastorno de la personalidad por dependencia (ver más adelante).
Sociotropía
Desde hace tiempo se ha observado que existen dos grandes tipos de estilos
cognitivos en los pacientes deprimidos: uno de ellos centrado en la dependencia
interpersonal, la necesidad imperiosa de afecto, o el temor y la sobrevaloración
del rechazo; el otro más independiente y perfeccionista, con rumiaciones
sobre el fracaso o la inutilidad. Al primero de los estilos cognitivos
se le denominó “sociotropía” y al segundo “autonomía”,
pasando después a considerarse como rasgos de personalidad predisponentes
a la depresión, que interactuaban con eventos vitales que los pacientes
percibían como estresantes de acuerdo con sus creencias y que poseían
perfiles sintomatológicos diferentes. En la sociotropía,
los acontecimientos desencadenantes estarían más ligados
al rechazo, y en la autonomía a los logros personales. Podemos
afirmar que la sociotropía ha tenido más aceptación
y evidencia empírica favorable que la autonomía, encontrándose
en este constructo hallazgos contradictorios sobre su validez.
Sin duda, la sociotropía es uno de los conceptos más parecidos
al que estamos estudiando en el presente trabajo. Los lamentos y las creencias
subyacentes en un caso de depresión sociotrópica son fieles
exponentes del sufrimiento que puede llegar a padecer un dependiente emocional,
hasta el punto que podemos hablar de conceptos solapados. No obstante,
para cumplir con nuestro objetivo de situar a la dependencia emocional
donde le corresponde, no podemos considerarla únicamente como un
rasgo de personalidad que predispone a la depresión. Un concepto
que ha de tener relevancia propia no debe estar subordinado a otro; sería
como concebir a la evitación solamente como un rasgo que predispone
a padecer ciertos trastornos de ansiedad. Situar un rasgo de personalidad
en la perspectiva de la depresión trae como consecuencia descuidar
su existencia en pacientes asintomáticos, al margen de que el término
“dependencia emocional” sea mucho más adecuado que
el de “sociotropía” para dar cuenta de los componentes
fundamentales de necesidad y anhelo subyacentes.
Personalidad
autodestructiva
Desde el psicoanálisis clásico se ha venido estudiando un
tipo llamativo de carácter, en el que aparentemente se busca el
dolor y se niega la experimentación de sensaciones agradables o
placenteras. Desde su denominación original de “masoquista”,
esta personalidad ha pasado a convertirse en “autodestructiva”,
con tal de eliminar la supuesta necesidad de castigo o el placer en el
dolor que se habían sugerido como hipótesis etiológicas
desde la tradición psicodinámica. Actualmente este concepto
se considera como un trastorno de la personalidad, caracterizado por:
mantenimiento de relaciones interpersonales de subordinación; rechazo
de ayuda o elogios; estado de ánimo disfórico y/o ansioso;
minusvaloración de los logros; tendencia a emparejarse con personas
explotadoras; escasa evitación del dolor; asunción del papel
de víctima; etc.. Además, poseen escasas habilidades sociales
como la asertividad tienden a padecer trastornos depresivos su autoestima
es muy baja, y apenas experimentan placer en sus vidas.De acuerdo con
el presente trabajo, se ha relacionado la personalidad autodestructiva
con la sociotropía y con apegos ansiosos.
El componente más afín de este concepto con la dependencia
emocional es, sin duda, el interpersonal. La descripción de las
relaciones de sumisión que llevan a cabo, el anhelo por preservarlas
a cualquier coste, o el emparejamiento con personas narcisistas y explotadoras,
son también la esencia de la dependencia emocional, que, ciertamente,
es autodestructiva. Otros rasgos son también comunes, como el estado
de ánimo disfórico o la pobre autoestima. No obstante, existen
otros componentes como la escasa evitación del dolor, el rechazo
de ayuda, o los comportamientos autopunitivos y de “sabotaje interno”,
que no son propios del concepto objeto del presente estudio.
Pero la diferencia más fundamental, que se expone a continuación,
es de perspectiva. Se han postulado numerosas hipótesis para explicar
este comportamiento, desde las psicoanalíticas tradicionales sobre
la génesis del masoquismo, hasta otras más modernas de diversa
procedencia teórica. Desde el conductismo se ha afirmado que el
comportamiento autodestructivo pudo haber sido reforzado con cuidados
y atención en la historia de estos sujetos, pero se ha encontrado
que es más bien todo lo contrario: cuando estas personas estaban
enfermas recibían una mayor desatención, inconsistencia
y falta de cariño. Las hipótesis psicodinámicas más
actuales giran en torno a la psicología del self (utilizaremos
“self” en lugar de “sí-mismo”) y se fundamentan
en la necesidad crónicamente insatisfecha de simbiosis con determinadas
personas –objetos del self-, a efectos de reafirmar la autoestima.
En el capítulo dedicado a las hipótesis etiológicas
nos detendremos en esta interesante propuesta. Desde un punto de vista
más ecléctico que integrador, Millon y Davis especulan que
los masoquistas -utilizando su terminología- persisten en las situaciones
de sufrimiento para acostumbrarse mejor al dolor, expían sus culpas
por deseos no reconocidos, y asocian el sometimiento con la aceptación.
Como podemos observar, muchas de las hipótesis parten del supuesto
de que estos sujetos son masoquistas (es decir, gozan del dolor) o por
lo menos “autodestructivos”, término que continúa
recordándonos su procedencia psicoanalítica y que sigue
teniendo connotaciones peyorativas, como la de inculpar a la víctima.
Como veremos más adelante, desde este trabajo se proponen hipótesis
etiológicas de naturaleza bastante diferente, quizá más
cercanas a las provenientes de la psicología del self, y que se
centran más en las graves carencias emocionales y en el mantenimiento
de pautas relacionales patogénicas como la idealización
excesiva, la subordinación a la persona encumbrada o la continua
autoanulación para congraciarse con ella. Los dependientes emocionales
no tienen como fin autodestruirse, y ni mucho menos gozan del dolor, sino
que tienen una autoestima deficiente, un sentimiento continuo de soledad
y una insaciable necesidad de afecto que les conducen a emparejarse con
personas explotadoras, que les maltratan y no les corresponden. Ésta
es la diferencia fundamental con la personalidad autodestructiva.
Codependencia
Este concepto, un tanto confuso, se creó para dar cuenta de las
diversas perturbaciones emocionales que ocurrían en las parejas
de personas con trastornos relacionados con sustancias. Aunque no se puede
definir claramente un patrón de personalidad codependiente, sí
existen ciertas características identificativas de estas personas:
se obsesionan y preocupan más del trastorno relacionado con sustancias
–generalmente alcoholismo y toxicomanías- que la propia persona
que lo padece, con la consiguiente necesidad de control de su comportamiento;
presentan una gran comorbilidad con trastornos del eje I; se descuidan
o autoanulan; tienen baja autoconfianza y autoestima; y se involucran
continuamente en relaciones de pareja dañinas y abusivas.
Aparentemente, los paralelismos con la dependencia emocional son incuestionables:
baja autoestima, subordinación, desarrollo de relaciones interpersonales
destructivas, temor al abandono, o falta de límites del ego. No
obstante, analizando más en profundidad este concepto, surgen algunas
discrepancias. La primera es de perspectiva, y es que la codependencia
está condicionada por otra persona, generalmente un alcohólico
o un toxicómano, aunque también se haya extrapolado este
concepto a otras situaciones como la convivencia con enfermos crónicos.
Los dependientes emocionales no están vinculados necesariamente
con personas que sufran enfermedades o condiciones estresantes crónicas
como las mencionadas, e incluso pueden estar solos. El concepto de codependencia
se sitúa en la perspectiva de los trastornos relacionados con sustancias.
La segunda diferencia es de contenido. Aunque, como hemos dicho, no podemos
configurar un patrón homogéneo de la personalidad de los
codependientes, sí es frecuente en ellos la autoanulación
para entregarse y cuidar a la persona con problemas. Ciertamente, un dependiente
emocional puede realizar los mismos actos, pero con una diferencia notable
de fondo: lo hará únicamente para asegurarse la preservación
de la relación, y no por esa continua entrega y preocupación
por el otro que caracteriza a los codependientes. Podríamos calificar
a los codependientes como abnegados, siendo sus motivos altruistas aun
con una desatención patológica hacia sus propias necesidades;
estando el dependiente emocional en el caso opuesto, centrado únicamente
en sus gigantescas demandas emocionales. Cuidar y entregarse sería
un fin para el codependiente, y sólo un medio para el dependiente
emocional. En todo caso, al no tratarse de una diferencia lo suficientemente
manifiesta, muchos dependientes emocionales emparejados con personas alcohólicas
o toxicómanas habrán sido calificados como “codependientes”,
motivo por el cual se incluye este concepto en la revisión de términos
afines.
Adicción
al amor
Conceptualmente, podemos equiparar la adicción amorosa con la dependencia
emocional. Se trata de una de las nuevas “adicciones sin sustancias”,
aunque es posiblemente tan antigua como el propio ser humano. Algunos
trabajos han estudiado este fenómeno comparándolo con el
modelo tradicional de los trastornos relacionados con sustancias encontrando
numerosas coincidencias que han justificado su denominación de
“adicción”: necesidad irresistible (“craving”)
de tener pareja y de estar con ella; priorización de la persona
objeto de la adicción con respecto a cualquier otra actividad;
preocupación constante por acceder a ella en caso de no encontrarse
presente (“dependencia”); sufrimiento que puede ser devastador
en caso de ruptura (“abstinencia”), con episodios depresivos
o ansiosos, pérdida aún mayor de autoestima, hostilidad,
sensación de fracaso, etc.; y utilización de la adicción
para compensar necesidades psicológicas.
Como hemos dicho, la equivalencia de contenido con la dependencia emocional
es total. No podemos afirmar lo mismo en el caso de la perspectiva de
ambos conceptos, y es que en la adicción amorosa el punto de vista
se focaliza en las relaciones interpersonales, es decir, en la existencia
de una dependencia real hacia un objeto de adicción: la pareja.
En este momento reiteramos lo expuesto en la revisión de la codependencia,
y es que el dependiente emocional no necesariamente tiene que estar involucrado
en una relación para serlo. Podemos clarificar esta matización
manifestando que el dependiente emocional puede estar “asintomático”
-entendiendo la adicción como el síntoma- pero por supuesto
continuar siéndolo, y que sólo se convertirá en un
adicto al amor cuando esté involucrado en una de sus numerosas
relaciones destructivas. Esta diferencia de perspectiva es fundamental,
porque si se nos presenta en la consulta una persona con tendencia a ser
“adicta al amor” pero que actualmente se encuentra sola, quizá
pensemos que nos baste con una prevención de recaídas dentro
de un planteamiento cognitivo-conductual (por otra parte, totalmente indicado
para cualquier otra adicción con o sin sustancias); mientras que
si entendemos al paciente como a un dependiente emocional, enfocaremos
la intervención en la comprensión y reestructuración
de su personalidad, utilizando técnicas interpersonales, psicodinámicas,
o de reestructuración cognitiva sobre sus creencias nucleares.
Conclusiones
No cabe duda de que estos conceptos se solapan en gran medida con la dependencia
emocional y entre ellos mismos, pero en ningún caso podemos afirmar
que sean sinónimos o totalmente equivalentes. Se han detallado
las diferencias existentes con el propósito de delimitar el concepto
objeto del presente estudio, matizando si éstas eran de contenido
(comportamiento derrotista y búsqueda del dolor -personalidad autodestructiva-,
abnegación –codependencia-) o de perspectiva de estudio (subordinación
a trastornos depresivos –sociotropía-, influencia de determinados
presupuestos etiológicos y connotaciones peyorativas del término
–personalidad autodestructiva-, enfoque prioritariamente conductual
–apego ansioso- o existencia imprescindible de otra persona, sea
dependiente de sustancias u objeto de adicción –codependencia
y adicción amorosa respectivamente-). Siendo estos conceptos importantes
y necesarios, en el presente trabajo se señala la necesidad de
la creación de uno específico para la dependencia emocional,
que nos proporcione a los profesionales de la salud mental un adecuado
marco de referencia para la comprensión y tratamiento de este fenómeno
psicopatológico.
3.-
CARACTERÍSTICAS DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL.
Como se ha indicado, se define la dependencia emocional como un patrón
crónico de demandas afectivas frustradas, que buscan desesperadamente
satisfacerse mediante relaciones interpersonales estrechas. No obstante,
como expondremos más adelante, esta búsqueda está
destinada al fracaso, o, en el mejor de los casos, al logro de un equilibrio
precario. A continuación detallaremos las características
que posee este constructo, clasificadas en diferentes ámbitos.
Es preciso recordar en este momento que lo que conocemos sobre las características
y la etiología de la dependencia emocional proviene del análisis
de los conceptos afines antes reseñados –sobre todo aquéllos
similares en su contenido-, y por supuesto de la experiencia clínica
con estos pacientes.
Relaciones
interpersonales
En este apartado nos centraremos en las relaciones de pareja por ser las
más representativas, aunque gran parte de lo expuesto sobre éstas
se puede extrapolar perfectamente a otras, con las lógicas diferencias
de la significación que tengan para el individuo. Por ejemplo,
un dependiente emocional puede tener pautas similares de interacción
con un amigo y con su pareja, pero la intensidad de sentimientos, pensamientos
y comportamiento será menor.
Para describir las relaciones que llevan a cabo estas personas, nos apoyaremos
parcialmente en el trabajo de B.Schaeffer sobre los adictos al amor y
en las interacciones que se producen en la personalidad autodestructiva.
Éstas son las características de las relaciones interpersonales,
especialmente de pareja, de los dependientes emocionales:
· Necesitan excesivamente la aprobación de los demás.
Por supuesto, a medida que el vínculo es más relevante la
necesidad es mayor, pero también hay cierta preocupación
por “caer bien” incluso a desconocidos. Lo excesivo de esta
necesidad genera en ocasiones rumiaciones sobre su aceptación por
un determinado grupo, empeños en tener una buena apariencia, o
demandas más o menos explícitas de atención y afecto.
·
Gustan de relaciones exclusivas y “parasitarias”.
Éste es uno de los rasgos más molestos en estas personas,
motivo frecuente de enfados y rupturas. La necesidad de la pareja (o del
amigo, hijo...) es realmente una dependencia como se produce en las adicciones,
lo que genera que el otro sujeto se sienta con frecuencia invadido o absorbido.
El dependiente emocional quiere disponer continuamente de la presencia
de la otra persona como si estuviera “enganchado” a ella,
aspecto comportamentalmente similar al apego ansioso. Llamará continuamente
a su pareja al trabajo, le pedirá que renuncie a su vida privada
para estar más tiempo juntos, demandará de ella atención
exclusiva y todavía le parecerá insuficiente, etc. No debemos
perder de vista que el motivo subyacente no es la posesión o el
dominio, sino la tremenda necesidad afectiva de estos individuos. En cualquier
caso, es comprensible la sensación de agobio que produce en sus
parejas.
·
Su anhelo de tener pareja es tan grande, que se ilusionan y fantasean
enormemente al comienzo de una relación o con la simple aparición
de una persona interesante.
En sus trabajos sobre la adicción al amor, Schaeffer compara este
fenómeno con la intoxicación de los alcohólicos o
drogodependientes. Posiblemente, son de los pocos momentos verdaderamente
felices de su vida: cuando empiezan una relación o al menos tienen
posibilidades de que esto ocurra. La excesiva euforia que manifiestan
se refleja en expectativas irreales de formar pareja con alguien a quien
no conocen bien, o en su injustificado encumbramiento.
·
Generalmente adoptan posiciones subordinadas en las relaciones, que se
pueden calificar de “asimétricas”.
Esta característica ha sido muy estudiada en la investigación
sobre la personalidad autodestructiva. Su pobre autoestima, y la elección
frecuente de parejas explotadoras (ver más adelante el apartado
sobre la “elección de objeto”) conducen al dependiente
emocional a una continua y progresiva degradación. Tienen que soportar
desprecios y humillaciones, no reciben verdadero afecto, en ocasiones
pueden sufrir maltrato emocional y físico, observan continuamente
cómo sus gustos e intereses son relegados a un segundo plano, renuncian
a su orgullo o a sus ideales, etc. Su papel se basa en complacer el inagotable
narcisismo de sus parejas, pero lo asumen siempre y cuando sirva para
preservar la relación.
·
Dicha subordinación es un medio, y no un fin.
Es importante diferenciar la subordinación altruista, que puede
darse en personalidades abnegadas o en codependientes, de la egoísta,
que es la que aparece aquí. Los dependientes emocionales se dan
para recibir por su terrible anhelo de mantener la relación, igual
que el jugador patológico gasta todos sus ahorros por la irresistible
necesidad de continuar jugando.
· Sus relaciones no llenan el vacío emocional que padecen,
pero entonces sí lo atenúan.
Hemos comentado que los pocos momentos de felicidad se producen ante la
posibilidad de iniciar una relación, y es que las enormes expectativas
que despierta no se ven luego cumplidas. Las parejas que forman suelen
ser tan insatisfactorias como patológicas porque no se produce
intercambio recíproco de afecto, responsable del incremento de
la autoestima y de la calidad de vida de sus componentes. No obstante,
estas personas están tan poco acostumbradas a quererse y a ser
queridas que no esperan cariño de su pareja, simplemente se enganchan
obsesivamente a ella y persisten en la relación por muy frustrante
que ésta sea. Como veremos más adelante, necesitan tremendamente
de otra persona, pero en realidad no conocen lo que demandan porque nunca
lo han disfrutado de manera adecuada: afecto.
·
La ruptura les supone un auténtico trauma, pero sus deseos de tener
una relación son tan grandes que una vez han comenzado a recuperarse
buscan otra con el mismo ímpetu. Suelen tener una prolongada historia
de rupturas y nuevos intentos.
Tras todo lo expuesto, es inevitable que antes o después devenga
una ruptura, aunque curiosamente no parta del dependiente emocional, sino
de su pareja narcisista que, como veremos más adelante, busca a
una nueva persona que le rinda pleitesía. A esto puede contribuir
el comportamiento excesivamente apegado de la persona con necesidades
emocionales, su estado de ánimo ansioso y disfórico, el
paradójico desprecio del narcisista hacia la persona que se somete,
etc.
A pesar de lo patológico e insatisfactorio de este tipo de relaciones,
el trauma que supone la ruptura es verdaderamente devastador, y constituye
con frecuencia el acontecimiento precipitante de episodios depresivos
mayores –aquí situaríamos a la depresión sociotrópica-
u otras psicopatologías. No obstante, “el periodo de abstinencia”
les conduce a buscar de nuevo otra pareja, y así se forma un auténtico
círculo vicioso.
· Presentan cierto déficit de habilidades sociales.
Su baja autoestima y constante necesidad de agradar impide que desarrollen
una adecuada asertividad. Además, si su demanda de atención
hacia otra persona alcanza ciertos límites, pueden manifestarla
sin importarles demasiado la situación o las circunstancias, mostrando
así falta de empatía. Por ejemplo, un individuo con dependencia
emocional puede enfadarse con un amigo porque no va a visitarle, aunque
éste argumente que al día siguiente tiene un examen de oposición
muy importante.
Estado
de ánimo y comorbilidad
La razón de unir en un mismo epígrafe estos dos ámbitos
es que están enormemente relacionados, ya que el estado anímico
y sus fluctuaciones determinan en gran medida las frecuentes comorbilidades
que se producen.
· Su estado de ánimo medio es disfórico, con tendencias
a sufrir preocupaciones.
Su expresión facial y su humor denotan una tristeza honda y arraigada,
con lógicas fluctuaciones. Cuando sufren preocupaciones suelen
girar en torno a una separación temida (ansiedad de separación)
o a sentimientos de desvalimiento emocional y vacío, más
frecuentes cuando no están inmersos en relaciones estrechas. Dichos
estados anímicos están generados por la baja autoestima
y las necesidades emocionales crónicamente insatisfechas, sin contar
con los efectos de las circunstancias adversas que atraviesan al emparejarse
con sujetos narcisistas y explotadores.
· Las comorbilidades más frecuentes se producen con trastornos
depresivos y por ansiedad, y en menor medida con trastornos de la personalidad,
o relacionados con sustancias.
Todos los conceptos afines revisados presentan un patrón similar
de comorbilidades, pero entre ellos destaca la sociotropía, creado
desde la perspectiva de los trastornos depresivos. Los dependientes emocionales
presentan con frecuencia episodios depresivos cuando se rompe una relación,
por muy patológica e insatisfactoria que ésta sea, y así
surgió el concepto de depresión sociotrópica.
En los periodos en que sus relaciones corren grave peligro de romperse
pueden llegar a padecer trastornos por ansiedad, con el riesgo consiguiente
de abuso y dependencia de sustancias tales como tranquilizantes, alcohol,
etc.
Más adelante propondremos la dependencia emocional como un trastorno
de la personalidad, y como tal es común la presencia simultánea
total o parcial de otros síndromes del Eje II. Entre ellos podemos
destacar los trastornos de la personalidad por evitación o histriónico.
Elección
de objeto
Este término, proveniente del psicoanálisis, denota los
rasgos que una persona busca en otra para vincularse con ella, y suele
utilizarse en el contexto de las relaciones amorosas, como haremos en
el presente trabajo. Las parejas u “objetos” hacia los que
tienden los dependientes emocionales se caracterizan por:
· Reúnen condiciones para ser idealizados.
Los dependientes emocionales no son muy selectivos a causa de sus necesidades
acuciantes, pero si rastreamos factores comunes en la aparente heterogeneidad
de sus objetos, encontramos uno que destaca especialmente: todos tienen
una férrea autoestima, en muchas ocasiones superior a la media.
Con frecuencia, este rasgo arrastra una serie de implicaciones como el
narcisismo y la dominación que se detallarán más
adelante dentro de este mismo apartado. Lo que en este momento nos importa
es que su posición “superior” con respecto a las demás
personas, y sobre todo si éstas son de pobre autoestima como sucede
con los dependientes emocionales, les convierte en individuos especialmente
susceptibles de idealización.
Hemos comentado que las personas con graves necesidades afectivas realmente
no esperan ni buscan cariño porque nunca lo han recibido –ni
siquiera de sí mismas-, y podemos añadir ahora que tampoco
están capacitadas para darlo por el mismo motivo, simplemente se
apegan obsesivamente a un objeto al que idealizan. ¿Por qué
sólo se interesan por objetos ”idealizables”? Porque
su deficiente autoestima provoca en ellas un estado de fascinación
cuando encuentran a una persona tremendamente segura de sí misma,
con cierto éxito o capacidades (aunque muchas veces sean más
supuestas que reales), y que observa al resto del mundo “desde las
alturas”. Las personas con mayor equilibrio emocional buscan objetos
similares para establecer relaciones simétricas, pero en las dependientes
sucede todo lo contrario, creen ver a su salvador en los objetos que poseen
todo lo que les falta a ellas: amor propio.
Aunque excede los propósitos del presente estudio, debemos señalar
que es un fenómeno similar al de los ídolos y fans en la
adolescencia: fascinación ante objetos susceptibles de encumbramiento
por poseer características que los distinguen de los comunes. Los
dependientes emocionales entienden el amor como apego, sumisión
y admiración al objeto idealizado, y no como un intercambio recíproco
de afecto.
En sus trabajos con individuos con perturbaciones del self, H.Kohut describe
una interacción similar entre paciente y terapeuta: la transferencia
idealizadora. En su teoría sobre el narcisismo, entendido en un
sentido evolutivo, afirma que para poseer una sana autoestima el niño
debe internalizar a un objeto (objeto del self) que sea idealizable y
que al mismo tiempo le elogie. A juicio de este autor, los pacientes con
transferencia idealizadora han carecido de un objeto del self idealizado,
y por eso ensalzan al terapeuta y a otras personas. En sus palabras, están
“hambrientos de ideal”. Volveremos sobre este autor en el
capítulo sobre hipótesis etiológicas.
· Son narcisistas y explotadores.
Como hemos mencionado, los objetos generalmente elegidos por los dependientes
emocionales son en muchas ocasiones ególatras, narcisistas y manipuladores.
Carecen de empatía y afecto, creen que poseen privilegios y habilidades
fuera de lo común, y que los demás deberían estar
continuamente alabándoles y concediendo prerrogativas. El carácter
sumiso y torturado del dependiente emocional no hace más que potenciar
y perpetuar estos rasgos. No hay que olvidar que las diferencias reales
entre ambos componentes de la pareja son de autoestima, pudiendo darse
la paradoja de que el dependiente emocional posea capacidades y habilidades
superiores a las de su objeto, aunque ninguno de los dos lo reconozca
así. La sobrevaloración de un polo se complementa a la perfección
con la minusvaloración del otro.
Desde un marco conceptual diferente, O.Kernberg manifiesta al referirse
a la personalidad depresivo-masoquista (equivalente a la personalidad
autodestructiva) que sus objetos predilectos son sádicos e inaccesibles,
y Glickauf-Hugues y Wells(24) señalan, para este mismo tipo de
personalidad, que tienden a escoger objetos con estructuras narcisistas
y límites a los que idealizan.
· Buscan una posición dominante en la pareja.
Con todas las características expuestas anteriormente, nos damos
cuenta de que con muchísima frecuencia los dependientes emocionales
se involucran en relaciones asimétricas, asumiendo ellos la posición
subordinada y los objetos la dominante. Los caracteres narcisistas se
distinguen por su fatuidad, deseo de elogios y desprecio hacia los demás.
Los dependientes emocionales son su objeto perfecto: se someten con tal
de preservar la relación; no les “hacen sombra” por
su baja autoestima; les admiran continuamente, ignorando sus defectos
y ensalzando sus virtudes; soportan e incluso aceptan como normales los
desprecios y humillaciones sistemáticas que sufren por su parte;
les sirven para consolidar su posición de superioridad con respecto
al mundo; etc. A este respecto, autores como Schaeffer afirman que los
adictos al amor poseen unas “débiles fronteras del ego”,
aseveración que aquí se suscribe únicamente por su
valor descriptivo y metafórico. Lo cierto es que presenciar cómo
una persona puede infravalorarse y subordinarse tanto a otra, llegando
en ocasiones a perder su identidad y criterios personales, justifican
plenamente este tipo de afirmaciones.
4.-
HIPÓTESIS ETIOLÓGICAS.
Como se indica en el mismo epígrafe, los factores etiopatogénicos
expuestos en este capítulo son de naturaleza hipotética;
ahora bien, poseen una incuestionable base empírica fruto de la
investigación de los conceptos afines revisados, los trabajos efectuados
con estos pacientes desde determinadas corrientes psicodinámicas,
y la experiencia clínica.
Factores
causales
A efectos de claridad expositiva, se dividirá este apartado en
tres subapartados. Los dos primeros tratarán de explicar el origen
de la dependencia emocional desde el punto de vista que se sostiene en
el presente trabajo. En el tercer subapartado se expondrán de forma
crítica y comparativa los planteamientos psicodinámicos
más influyentes, por tratarse de la corriente psicológica
más preocupada en el estudio de estos pacientes.
Puede llamar la atención la no inclusión de factores genéticos
dentro de los causales. Actualmente se considera obsoleto cualquier posicionamiento
extremista genético vs. ambiental, abogándose por una concepción
interaccionista del ser humano en la que el patrimonio genético
y el entorno se afectan recíprocamente. Un ejemplo indiscutible
de la naturaleza interactiva genético-ambiental del ser humano
es la inteligencia. Desde este trabajo se suscribe en su totalidad este
posicionamiento, siendo el único motivo de la mencionada exclusión
la falta de información al respecto en la literatura científica
actual. Igualmente, y debido a la propia naturaleza de nuestro objeto
de estudio, se considera que los factores ambientales son condición
necesaria para el desarrollo de la dependencia emocional.
1) Carencias afectivas tempranas.
De acuerdo con Millon y Davis y multitud de autores y corrientes psicológicas,
las experiencias tempranas juegan un papel trascendental en la constitución
psicobiológica del individuo. Con el paso de los años, las
experiencias posteriores se asimilarán fundamentándose en
las iniciales, y a su vez el sujeto se acomodará adaptativamente
a dicha información reciente. El concepto de “esquema”,
creado por la psicología cognitiva, da cuenta de este intercambio
recíproco entre información pretérita y reciente.
Un esquema es un patrón interiorizado fruto de experiencias iniciales,
que sirve de base para el aprendizaje de las posteriores y que es susceptible
de modificación por éstas. Como veremos cuando expongamos
los factores mantenedores, se ha extendido la utilización de los
“esquemas” al ámbito afectivo e interpersonal(40).
¿Cómo han sido estas primeras experiencias afectivas en
los dependientes emocionales? Podríamos etiquetarlas como frustrantes,
insatisfactorias, frías, menospreciadoras, etc., y sólo
tendríamos una remota idea de lo que significa para estos sujetos
no ser adecuadamente queridos y valorados por sus personas significativas,
aunque lo anhelaran con todas sus fuerzas. En cualquier caso, su existencia
torturada y las profundas necesidades emocionales que no dudan en exteriorizar,
nos sirven para aproximarnos a sus sentimientos y a su historia. Consecuentemente,
estas primeras experiencias han ido conformando esquemas cognitivos y
emocionales como el pobre autoconcepto, la idealización de los
objetos, la búsqueda de las necesidades insatisfechas en dichos
objetos, la sumisión como estrategia -coherente con la baja autoestima-
para evitar el abandono, la idea de amor como apego obsesivo y admiración
en lugar de como un intercambio recíproco de afecto, etc.
En los estudios sobre los conceptos afines revisados, se llega a las mismas
conclusiones sobre la naturaleza de estas carencias afectivas tempranas.
Refiriéndose al apego ansioso, Rutter afirma que éste es
mayor cuando las relaciones previas con el objeto apegado son perturbadoras
e insatisfactorias. Por ejemplo, la repulsión y los rechazos maternos
hacen incrementar y no disminuir la conducta de apego, y la ansiedad tras
una separación es mayor si la relación precedente es negativa.
En este mismo sentido pero dentro de su particular marco teórico,
Bowlby2 considera que una “base segura” en la niñez,
entendida como la presencia y accesibilidad de figuras adultas, es condición
básica para la autoestima y autoconfianza. En sus trabajos sobre
la adicción al amor, Schaeffer manifiesta que estas personas tratan
de cubrir con su dependencia necesidades insatisfechas durante su infancia.
Finalmente, diversos estudios sobre las experiencias vitales tempranas
de las personas autodestructivas llegan a las mismas conclusiones: Williams
y Schill(21) informaron que la crianza de dichas personas fue descrita
por ellas mismas como ambivalente, fría y rechazante; y Glickauf-Hugues
y Wells aseveran que el ambiente de su niñez fue errático
y frustrante.
2) Mantenimiento de la vinculación.
Con lo expuesto hasta el momento, se puede objetar que dichas carencias
afectivas no son exclusivas de los dependientes emocionales, y que las
podemos encontrar incluso más graves y con existencia de abusos
de todo tipo en la historia de pacientes límite y antisociales.
Quizá llama más la atención la ostensible diferencia
que existe entre los dependientes emocionales y las personalidades antisociales,
y es que los primeros mantienen su capacidad para vincularse con los demás,
mientras que los segundos la tienen gravemente menoscabada.
Vamos a intentar explicar el porqué de esta diferencia, dejando
de lado la incuestionable influencia de factores biológicos, socioculturales
y de aprendizaje que se produce en el comportamiento antisocial. Comenzaremos
apoyándonos en un concepto de la teoría de Bowlby: el desapego.
Éste se produce en los niños cuando se reencuentran con
el padre o la madre después de una separación significativa,
y consiste en un comportamiento activo de rechazo, acompañado de
sentimientos de rencor, disgusto y desprecio. Dependiendo de la intensidad
de la mencionada separación –y de la calidad de la relación
previa, añadimos nosotros-, el desapego durará más
o menos tiempo.
Lo que este concepto de Bowlby nos indica es que los vínculos tempranos
con los padres u otras personas significativas se pueden romper temporal
e incluso permanentemente, y que esta ruptura está acompañada
de una profunda ira. Matizando la naturaleza de dicha ruptura, insistimos
en que no es imprescindible una separación para que se produzca
el desapego, puede existir presencia física pero no emocional de
los padres, por no hablar de negligencia, malos tratos, etc. La desvinculación
-entendiendo “vinculación” y “desvinculación”
como los dos extremos de un continuo-, que es como preferimos denominar
a este fenómeno para incidir en su esencia afectiva, y la agresividad
consiguiente, pueden quedar grabadas constituyéndose como esquemas
prioritarios de relación interpersonal. Sin duda alguna esto es
lo que sucede con las personalidades antisociales, y lo que explicaría
su insensibilidad hacia los demás, su prepotencia y la rabia descomunal
que esconden y por desgracia muchas veces manifiestan.
Abundando sobre esta cuestión, Rutter afirma con apoyo empírico
que las personalidades antisociales tienen una historia característica
de ruptura de vínculos previamente formados, por pobres e inestables
que éstos fueran. Añade que los psicópatas presentan
una peculiaridad adicional, y es que nunca han tenido las condiciones
adecuadas para poder formar vínculos, ni siquiera insatisfactorios
y patológicos como en los caracteres antisociales. Aludiendo al
fenómeno de la psicopatía, especula sobre posibles periodos
críticos para la formación de vínculos, tema que
excede los fines del presente trabajo.
Si las personas antisociales han conseguido desvincularse en mayor o menor
medida, ¿por qué los dependientes emocionales no lo han
hecho? En principio, parece que la gravedad de las carencias afectivas
no ha sido tan pronunciada. De hecho, los adjetivos que hemos utilizado
en el subapartado anterior refiriéndonos a sus experiencias tempranas
han sido “frías”, “rechazantes”, “ambivalentes”
o “erráticas”. Además, las familias de origen
no están tan desestructuradas, prueba de ello es que no son comunes
los abandonos graves, las negligencias, los abusos sexuales, físicos,
etc. De esto deducimos que la desvinculación que se produce en
las personas antisociales es fruto de lo peculiar de su entorno, de sus
experiencias adversas, y de sus vínculos tan frágiles y
precarios, y hasta podemos calificarla de reacción adaptativa,
al menos mientras se producen dichas condiciones. Sin embargo, los dependientes
emocionales han mantenido la vinculación, aun siendo insatisfactoria.
Al margen de no haber sufrido unas experiencias tan terribles, un segundo
factor que juega en contra de la desvinculación es la baja autoestima.
A veces tratamos con pacientes que, después de estar hundidos por
una frustración emocional –por ejemplo, un desengaño
amoroso-, recuperan su autoestima e inmediatamente incrementan su desvinculación,
acompañada de rencor y desprecio. Es como si el sustento en uno
mismo hiciera falta para ser capaz de separarse emocionalmente de los
demás -cabría añadir que la desvinculación
potencia a su vez la autoestima, ya que ésta se hace más
independiente y no precisa tanto del soporte afectivo de los demás-;
pero para esto es imprescindible poseer una autoestima con un mínimo
de consistencia, hecho que no sucede en los dependientes emocionales.
Así, sugerimos que las experiencias afectivas tempranas de los
dependientes emocionales no son lo suficientemente negativas como para
provocar una desvinculación severa; ni lo suficientemente positivas
como para posibilitar una autoestima mínimamente consistente. Desde
siempre, mantienen sus vínculos hacia personas insatisfactorias
emocionalmente.
3)
Perspectivas psicodinámicas: exposición y crítica.
Los dependientes emocionales aparecen con mucha frecuencia en la literatura
psicoanalítica desde su inicio, adoptando distintas formas o denominaciones:
“personalidad masoquista”, “perturbación narcisista”,
“self fragmentado”, etc. En este subapartado nos centraremos
únicamente en las corrientes más ambientalistas dentro del
psicoanálisis, que son la escuela británica de las relaciones
objetales (Fairbairn, Winnicott, Guntrip, Balint, etc.) y la psicología
del self (Kohut). Por considerarlos menos interesantes, no se tratarán
postulados psicoanalíticos clásicos sobre este tema como
la noción de un masoquismo primario, o como la hipótesis
de un superyó tiránico que conduce al sujeto a una necesidad
constante de castigo; igualmente, se obviarán las especulaciones
kleinianas como la introyección de pulsiones destructivas dirigidas
hacia los objetos, o la teoría de M.Mahler sobre conflictos en
la separación-individuación.
A medio camino entre los planteamientos más clásicos y la
teoría kleiniana, D.W.Winnicott fue uno de los primeros analistas
que aceptó la decisiva influencia de la presencia y afecto paternos
en las fases más tempranas del sujeto. Las “relaciones objetales”
(o relaciones interpersonales, si no utilizamos terminología psicoanalítica)
de las que hablaba eran reales, y no sólo fantaseadas como propugnaba
M.Klein. De esta manera, consideraba condición etiológica
básica la falta de un “ambiente facilitador” o “entorno
suficientemente bueno”, en el que la madre ejerciera su función
de “sostén” (holding), entendido en sus dos vertientes
de protección y de afecto. Una segunda contribución de Winnicott
muy relacionada con nuestras hipótesis etiológicas es su
descripción de “la capacidad para estar solo”, requisito
necesario para el establecimiento de la autoestima y de unas relaciones
emocionales sanas. Según el citado autor, esta capacidad se adquiere
por la internalización de la función de sostén materna,
de tal forma que “la capacidad para estar solo se basa en la experiencia
de estar solo en presencia de alguien”, es decir, estar solo pero
al mismo tiempo acompañado de objetos interiorizados gratificantes.
Nosotros añadimos que lo contrario ocurre, por ejemplo, con los
dependientes emocionales: cuando están solos no están acompañados,
sino que sienten con más intensidad su vacío y su necesidad.
Perteneciente también al grupo británico de las relaciones
objetales, M.Balint estudió a pacientes cuyos problemas no correspondían
al ámbito edípico, claro foco de atención del psicoanálisis
freudiano, sino al de “la falta básica”. Muy acertadamente,
y desmarcándose de los posicionamientos más ortodoxos, no
calificó este periodo como de “preedípico” o
“pregenital” con tal de enfatizar su componente afectivo-interpersonal.
Este autor afirmaba que existían pacientes con graves perturbaciones
emocionales que habían carecido en sus primeros años de
vida de relaciones objetales reales gratificantes, y que la esencia de
su patología no era el conflicto, como sucede según estos
planteamientos en las psiconeurosis, sino una falta, la “falta básica”.
Estos pacientes sufrían en su tratamiento una “regresión
maligna”, que les provocaba una avidez descomunal de afecto, un
deseo de fusión con el analista para que cubriera su falta, reacciones
de cólera y desesperación si no se satisfacían sus
anhelos, etc.. La similitud de estos fenómenos transferenciales
con las pautas de interacción propias de los dependientes emocionales
es evidente.
El gran mérito del grupo británico de las relaciones objetales
es acentuar el papel patógeno de las carencias afectivas y de las
experiencias adversas tempranas, es decir, adoptar una postura con mayor
carga ambientalista que la propugnada por Freud o sobre todo M.Klein.
La crítica que se puede efectuar es que no profundizan lo suficiente
en estos fenómenos, ni sistematizan sus hallazgos. Por ejemplo,
Winnicott afirma que la carencia de un ambiente lo suficientemente bueno
puede provocar psicosis o psicopatía, pero no detalla ni cómo
ni por qué sólo se producirían estas dos condiciones
patológicas, o cuándo se daría una y cuándo
la otra. Balint no efectúa una descripción exhaustiva de
los pacientes con “falta básica”, ni relata con el
suficiente detalle sus historias obtenidas mediante el psicoanálisis.
Por otra parte, aunque estamos totalmente de acuerdo en el papel patógeno
fundamental de las carencias tempranas, señalamos igualmente que
los determinantes de la dependencia emocional –en este caso, aunque
podríamos generalizar a otros trastornos- no se limitan a ese periodo,
sino que continúan en fases posteriores como la niñez y
la adolescencia, y por desgracia se perpetúan en la adultez, como
veremos en el apartado sobre “factores mantenedores”.
Continuando con nuestra revisión, surge a principios de la década
de los 70 una nueva corriente dentro del psicoanálisis: la psicología
del self. Su creador, H.Kohut elaboró una teoría que acabaría
subordinando los postulados clásicos del complejo de Edipo, la
regresión o los conflictos, a los suyos propios fundamentados en
la constitución del narcisismo. Este autor afirmaba que para la
adquisición de un narcisismo o autoestima saludable es necesaria
la intervención real de los padres o personas significativas al
cuidado del niño, llamadas por él “objetos del self”.
Esta denominación nos indica el carácter constitutivo que
para Kohut tienen las personas más significativas durante la infancia,
en tanto son objetos imprescindibles para el desarrollo del self o individuo.
Dichos objetos deben poseer la suficiente empatía como para advertir
las necesidades del niño y sus deseos de ser elogiado cada vez
que logra un avance en su desarrollo, o de ser aplaudido cuando sonríe
o hace una gracia, es decir, tienen que cumplir una función especular
que alimente su incipiente narcisismo y sus fantasías de omnipotencia
infantiles. Al mismo tiempo, deben servir de modelos a seguir para que
el niño les admire, cumpliendo así su función idealizadora.
Estas dos funciones de los objetos del self las incorpora el niño
mediante el proceso de “ internalización transmutadora”,
que posibilita la adquisición de un narcisismo equilibrado, y,
por tanto, de una estructura del self cohesionada y normal.
Ahora bien, ¿qué es lo que sucede cuando los objetos del
self no cumplen adecuadamente con alguna de estas dos funciones? La respuesta
es que se generan condiciones patológicas en el área narcisista
de la personalidad, o dicho de otra manera, “perturbaciones narcisistas”.
Kohut las atribuye a la falta de empatía de los padres o personas
significativas a cargo del niño, con su consiguiente desequilibrio
entre las necesidades frustradas de éste: idealización o
grandiosidad. Simplificando, podemos aseverar basándonos en la
teoría del citado autor que el deseo insatisfecho de grandiosidad,
que debería haber sido cubierto por la especularidad de los objetos
del self, conduce a lo que ahora denominamos “trastorno narcisista
de la personalidad”, o sea, autoestima exagerada, deseo de alabanzas,
ausencia de empatía e hipersensibilidad a la crítica. Aquí,
en palabras del autor, el sujeto estaría “hambriento de espejo”,
buscando continuamente personas que le admiren como no hicieron sus objetos
del self. Por otra parte, el deseo insatisfecho de idealización
produciría un cuadro clínico similar al que hemos definido
en el presente artículo para la dependencia emocional: depresión
difusa, autoestima muy baja, deseos de agradar, vulnerabilidad ante las
críticas, sensación de vacío, anhelo profundo de
interés y afecto por parte de los demás, graves perturbaciones
en caso de rupturas sentimentales, etc. En “Análisis del
self”, Kohut describe un caso de estas características, en
el que el sujeto (el Sr. A) está “hambriento de ideal”.
Por tratar el tema que nos ocupa, profundizaremos en este segundo tipo
de perturbaciones narcisistas descrito por Kohut. Estas personas desarrollan
en su análisis una “transferencia idealizadora”, es
decir, que siguen con su terapeuta los mismos patrones de interacción
que con sus objetos más significativos (observaremos que Balint
llegó a la misma conclusión cuando se refirió a la
“regresión maligna”). El origen de esta perturbación
narcisista se fundamenta en que los objetos del self no han cumplido adecuadamente
su función idealizadora, es decir, estos sujetos no han tenido
unos padres susceptibles de modelo y admiración, ya sea por fracasos
o por cualquier tipo de desilusión con respecto a ellos. En consecuencia,
su self se verá profundamente alterado, apareciendo la baja autoestima
y la búsqueda en la adultez de objetos del self que compensen las
necesidades frustradas de idealización.
¿Qué paralelismos encontramos entre las características
e hipótesis etiológicas de la dependencia emocional, expuestas
en el presente artículo, con la teoría de Kohut? Sin duda
alguna, muchos. En primer lugar, se confiere una importancia trascendental
al papel de los padres o personas significativas en el desarrollo emocional
de los individuos. Los objetos del self deben ejercer adecuadamente sus
funciones, de lo contrario no se internalizarían y no se constituirían
estructuras sanas y cohesionadas en el individuo. La psicología
del self es claramente interactiva en su concepto del ser humano, y habla
de carencias ambientales en fases tempranas de la misma forma que se hace
en el presente trabajo. En segundo lugar, se subraya la influencia que
ejerce la baja autoestima en la génesis y mantenimiento de este
tipo de trastornos –dependencia emocional y perturbación
narcisista por falta de idealización-. En tercer lugar, se señala
en ambas descripciones el papel central que ejerce la idealización
en la elección de objeto de estos pacientes. Por último,
se incide en que en la vida adulta otras personas deben cubrir las carencias
tempranas a las que nos hemos referido, que serían de naturaleza
afectiva en nuestras hipótesis sobre la dependencia emocional,
y de falta de objetos a los que admirar en la teoría de Kohut sobre
este tipo concreto de perturbación narcisista.
¿Cuáles serían, entonces, las diferencias? Como acabamos
de indicar, y al margen de que tampoco hay referencias a la existencia
de factores mantenedores, residirían sobre todo en la naturaleza
de las carencias que habrían ocurrido en la infancia del individuo.
Según Kohut, en la génesis de la perturbación narcisista
por falta de idealización lo esencial estribaría en que
el niño no admira a sus padres ni los toma como modelo, ya sea
por haberles visto fracasar reiteradamente, o porque hayan contemplado
situaciones traumáticas de humillación de estos objetos
del self. Hemos afirmado que la psicología del self es interactiva,
en el sentido de que considera que el sujeto se desarrolla como tal en
su trato con los demás, especialmente con sus personas más
significativas. No obstante, dicha interacción no es un intercambio
afectivo, sino una especie de potenciación del narcisismo del niño
a base de elogios y de tomar a los padres como ideales. No cabe duda de
que esto es importante, pero se echan a faltar en el citado autor los
componentes básicos de cualquier vínculo afectivo, que se
basa en la reciprocidad, en la preocupación por la otra persona,
en su cuidado, en las alegrías y en las penas compartidas, en la
identificación mutua; en definitiva, en su naturaleza bidireccional.
Incluso el vínculo afectivo de un padre con su hijo pequeño
es también recíproco, y no se basa únicamente en
inflar su ego lanzándole piropos, o en servirle de modelo. La psicología
del self es interactiva, pero unidireccional, porque parece que los objetos
del self sólo tienen como función potenciar y consolidar
el narcisismo infantil, y es mucho más que eso. Los dependientes
emocionales sienten que les falta autoestima, pero también les
falta afecto, aunque el origen de ambas carencias sea común.
Factores
mantenedores
De la misma manera que no profundizamos antes en los factores genéticos,
tampoco lo haremos ahora en los biológicos para explicar el mantenimiento
del trastorno. De ninguna manera esto significa que no se reconozca su
papel: es evidente que la interacción entre los citados factores
genéticos y los ambientales debe tener su correlato en diversas
estructuras y funciones psicobiológicas. Por ejemplo, a causa de
la mencionada depresión clínica y subclínica que
sufren estos pacientes, deberán producirse disfunciones en los
sistemas de neurotransmisión serotoninérgico y noradrenérgico,
que, como es lógico, consolidan y mantienen la dependencia emocional.
En otro ámbito, siguiendo la línea propuesta por T.Millon,
consideramos que en fases posteriores a la infancia y la niñez
se consolidan los rasgos de personalidad, sean éstos sanos o disfuncionales,
mediante lo que podríamos denominar “procesos de autoperpetuación”.
Los esquemas interpersonales o pautas de relación adquiridas serían
los principales responsables de que el trastorno se perpetuara por sí
mismo en fases posteriores de la vida del sujeto. Recordemos que los dependientes
emocionales parten de una base de baja autoestima, necesidad descomunal
de afecto, adhesión excesiva hacia las personas significativas,
y elección de objeto fundamentada en la idealización y la
sumisión. Todo esto configura las pautas relacionales que estos
sujetos utilizarán con cada nueva interacción.
Al igual que en la mayoría de personas, en los dependientes emocionales
estos esquemas de relación adquiridos se perpetúan o alimentan
a sí mismos. Sintetizando, podemos afirmar que este mantenimiento
se produce por las respuestas o reacciones complementarias de las personas
con las que interactúan. Dentro del tema que nos ocupa, pensemos
en un dependiente emocional, con todas las características citadas
anteriormente, que se relaciona con una persona que pudiéramos
calificar de “normal”. Dicha persona acabaría rechazando
de una manera más o menos manifiesta al dependiente, por su baja
autoestima (no es agradable tratar con personas que se quieren y respetan
poco) y por el agobio que generarían sus deseos de acceso constante
y de exclusividad en la relación. Esto, a su vez, reforzaría
la mencionada baja autoestima y los deseos emocionales.
Imaginemos ahora que intenta relacionarse con una persona narcisista y
explotadora, carácter que, como hemos visto, cumple adecuadamente
con los requisitos de idealización del objeto. La interacción
duraría mucho más tiempo, porque el narcisista sí
encuentra atrayente una persona que le admira y que se somete continuamente.
Esto también reforzaría las pautas de relación del
dependiente emocional, porque minaría todavía más
su ya pobre autoestima, incrementaría su tendencia a la idealización
y la sumisión, y no cubriría adecuadamente sus necesidades
emocionales porque una persona narcisista no podría proporcionarle
el afecto genuino que realmente necesita.
5.-
CONSIDERACIONES DIAGNÓSTICAS.
En este capítulo revisaremos las opciones diagnósticas para
la dependencia emocional que nos ofrecen los sistemas actuales de clasificación
psicopatológica, concretamente el DSM-IV(45).
· Trastorno depresivo con síntomas atípicos.
La especificación de “síntomas atípicos”
en los trastornos depresivos (por ejemplo, trastorno depresivo mayor o
distimia) viene acompañada de un criterio diagnóstico en
forma de rasgo de personalidad: “patrón de larga duración
de sensibilidad al rechazo interpersonal, no limitado a episodios de alteración
del estado de ánimo, que provoca un deterioro social o laboral
significativo”. Igualmente, se precisa de la existencia de anhedonía
parcial, pudiendo ocurrir una reactivación del estado anímico
ante determinados eventos, generalmente interpersonales. Por otra parte,
suelen tener un inicio temprano y un curso más crónico sin
recuperación interepisódica total, lo que indica que existen
permanentemente síntomas depresivos clínicos y subclínicos.
Es de señalar que todas estas características coinciden
con nuestra concepción de la dependencia emocional. Se presentarían
dos inconvenientes: no se podría diagnosticar un trastorno depresivo
si el dependiente emocional estuviera asintomático, y la especificación
de síntomas atípicos requiere también la presencia
de al menos uno de los siguientes fenómenos: hipersomnia, hiperfagia
o abatimiento corporal.
· Trastorno del control de los impulsos no especificado.
Sería la categoría diagnóstica elegida para dar cuenta
del concepto ya explicado de “adicción al amor”, por
lo que nos remitimos al capítulo correspondiente. Reiteramos que
al tratarse de un trastorno del Eje I no podríamos utilizarlo cuando
el sujeto estuviera asintomático, en este caso cuando no estuviera
involucrado en una relación adictiva.
· Trastorno autodestructivo de la personalidad.
Aunque no figura en el DSM-IV, sí se efectúa una propuesta
de inclusión en el apéndice del DSM-III-R. Si incluimos
aquí esta malograda categoría diagnóstica es porque
para muchos profesionales de la salud mental tiene validez, y porque su
definición se solapa en gran medida con la dependencia emocional,
como hemos indicado también más arriba. En definitiva, sería
actualmente la opción más válida dentro del Eje II,
si exceptuamos la propuesta que a continuación efectuaremos.
Diagnóstico diferencial
La dependencia emocional debe distinguirse de dos trastornos de la personalidad
con los que puede existir confusión:
· Trastorno de la personalidad por dependencia.
Aparentemente, y no sólo por el término común “dependencia”,
existen paralelismos entre ambos cuadros: excesivo aferramiento interpersonal,
sumisión, ansiedad de separación, descompensaciones en caso
de rupturas, etc. Pero se da una diferencia que desde nuestro punto de
vista es fundamental, y que reside en la naturaleza de la referida dependencia.
Como hemos señalado, en nuestro objeto de estudio la necesidad
es emocional, está basada en un anhelo irresistible de ser querido,
escuchado o atendido, y de tener alguien al lado al que adorar que proporcione
el ansiado suministro afectivo, suministro que por otro lado el propio
sujeto no se da a sí mismo.
En el trastorno de la personalidad por dependencia, la naturaleza de ésta
es principalmente de cuidado y protección. El sujeto necesita a
los demás para que tomen las decisiones por él, para que
asuman responsabilidades que le corresponden, para que le aconsejen continuamente
sobre la más mínima dificultad que se presente, etc. Es
como un “niño adulto” que no sabe conducirse ante la
vida, y que para conseguirlo adopta un comportamiento interpersonal similar
al del dependiente emocional, pero con una motivación subyacente
y un carácter muy diferentes. Millon y Davis señalan como
historia característica en estos pacientes la excesiva sobreprotección
parental, condición etiológica radicalmente diferente a
la expuesta en el presente trabajo para la dependencia emocional.
· Trastorno límite de la personalidad.
En estos pacientes sí aparece con claridad la dependencia emocional,
sólo que alternada con periodos totalmente opuestos en los que
son más autónomos y agresivos. Se produce “un patrón
de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por
la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación”,
fenómeno que podríamos denominar “oscilación
vinculatoria” y que en absoluto es exclusivo de los pacientes límite,
si exceptuamos la notable intensidad con la que dichos pacientes establecen
y luego rompen sus lazos afectivos, transitando entre periodos de gran
vinculación y de tremenda desvinculación.
Además, en los dependientes emocionales tampoco se producen inestabilidades
clínicamente significativas en el estado de ánimo o en la
identidad.
Propuesta
diagnóstica
Sobre la base de todo lo expuesto en el presente artículo, y siguiendo
los criterios diagnósticos generales para los trastornos de personalidad,
podemos afirmar que la dependencia emocional cumple con todos los requisitos:
afecta la cognición, la afectividad, la actividad interpersonal
y el control de los impulsos; es persistente, inflexible y abarca numerosas
situaciones personales y sociales; es de larga duración y de inicio
temprano; y no se debe a otro trastorno mental, a los efectos de sustancias
o a enfermedades médicas. Como en otros trastornos específicos
de la personalidad, la dependencia emocional se sitúa en el extremo
de un continuo basado en un rasgo adaptativo, que en este caso es la vinculación
interpersonal. Así, tener cierta dependencia emocional es frecuente
e incluso deseable, igual que sucede con el narcisismo, la suspicacia
o la introversión.
Por tanto, efectuamos la propuesta nosológica de creación
de un trastorno específico de la personalidad para la dependencia
emocional. Mientras tanto, se puede utilizar la categoría residual
para el Eje II “trastorno de la personalidad no especificado”,
al margen de los diagnósticos que sean necesarios en el Eje I por
la gran comorbilidad que presenta este cuadro.
6.-
CONCLUSIONES.
El objetivo del presente artículo ha sido proporcionar a la dependencia
emocional un esquema teórico y clínico propios, por considerar
que los utilizados actualmente para estos pacientes, y que se corresponden
con los de los conceptos afines revisados, no son enteramente satisfactorios.
La propuesta diagnóstica de un trastorno específico de la
personalidad tiene como fin la utilización unívoca del término
y su adecuada ubicación nosológica. Finalmente, se espera
que se estimule la investigación sobre este fenómeno, incluyendo
ámbitos no tratados aquí como la evaluación y el
tratamiento.
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